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-Los graves abusos de la C.F.E., son peores que cuando era privada.
-Hay un tal Lucas, que es un verdugo.
-Lo usa el superintendente, como tal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Columnas

HOMENAJE PERENNE
COLUMNA ESCRITA POR DON GONZALO MARTINEZ SILVA.

 





Cínica pretensión municipal de robar a la UAT
Quieren escamotearle 250 millones de Expo
Dicen que los invirtieron en instalaciones
La protesta femenil, el principio del fin

-FIGUEROA SENTENCIADO POR EL PROPIO GOBIERNO.
-LA DECISION DE NO TRANZAR CON DELINCUENTES.
-LA DEBILIDAD OFICIAL PROLIERO A GAVILLEROS
-ES MALO QUE INTERVENGA EL EJERCITO EN GUERRERO

Queremos ver-por el bien y la tranquilidad del país, por la paz interna-que la decisión del Gobierno de la República de ‘’ no pactar con criminales `` y negar todas las descabelladas peticiones de Lucio Cabañas a cambio de la vida del senador Rubén Figueroa, ha sido la mejor, aunque ésta sea dolorosa. Se ajusta esta circunstancia al sabio proverbio que dispone que “a los grandes males, grandes remedios” y a la urgencia a veces, por salvar una vida (en este caso la del país), de amputar una o todas las extremidades. Es pues la del Gobierno, una decisión a la medida de las necesidades, solo, que, si hemos de aceptar su acierto del momento, debemos también fincarle la responsabilidad del incremento en las actividades “guerrillas” por la debilidad de conceder, en los albores del actual régimen, las exigencias del chantaje y la liberación y envío a Cuba de otros grupos de paranoicos que estaban presos.
Nadie quiere ser el primer sacrificado, nadie quiere llevar sobre su conciencia la muerte de un semejante y tal vez por eso, los gavilleros urbanos y rurales se han dado a la depredación, porque generalmente las victimas del plagio son miembros distinguidos de la oligarquía multimillonaria, parientes cercanos de los raqueteros que con una burda máscara revolucionaria saltan de uno a otro puesto público, no para su desempeño leal y efectivo, sino para el usufructo de su provecho. Cuentan que el Gobernador del Estado de México, Carlos Hank González, emulando a aquel codicioso dirigente obrero nacional Luis N. Morones que mostraba sus joyas en público para demostrar que no necesitaba robar a sus compañeros obreros, dijo –Hank – cuando tomó posesión de la Gobernatura, que no necesitaba robar porque su fortuna era de 40 millones de pesos.
No estuvimos enterados del asunto, pero sin duda a nadie se le ocurrió preguntarle públicamente que explicara, cómo un profesor rural, con solo unos cuantos años de funcionario menor de Conasupo, luego como subdirector y finalmente como Director, todo en seis años, pudo amasar fortuna tan descomunal. Nadie pues había querido sacrificar o dejar a su suerte a los miembros de esa gran familia, o de esa cooperativa, como dijera un ex presidente de la Junta Federal de Mejoras Materiales de Matamoros. Sólo que todas las cosas tienen su pero y en este caso, el pero lo encontramos en que la orden de rescatar al Senador Figueroa ha sido dada al ejército. A esa máquina ciega y sorda que orden semejante debió recibir el 2 de octubre de 1968. En aquella ocasión para acabar un mitin.
Los soldados, contra todo lo que se diga de patriotismo, de que son guardianes de esto y aquello- incultos como son- representan un peligro para los ciudadanos y su actuación debiera limitarse a una guerra: más perseguir a un criminal o a una banda, no debe ser cosa del ejército sino de la policía. Los soldados ejecutan órdenes y si no se cumplen: matan.
Los policías por obtusos que sean, cuando hay que pensar, cuando hay un intringulis, reflexionan, preguntan a sus superiores, a sus compañeros. Ordenar al ejército que rescate a Rubén Figueroa de las gavillas de Lucio Cabañas causara muchos males al Estado de Guerrero, porque el ejército ha sido acusado múltiples ocasiones por Lucio Cabañas, de cometer montones de injusticias, de arrasar ejidos. Pensamos que muchos inocentes padecerán la presencia del ejército en Guerrero y que eso restará popularidad al Gobierno. La decisión de no transar con delincuentes es buena, pero resulta peligrosa la intervención del ejército. Hasta mañana.